miércoles, 25 de diciembre de 2013

Feliz navidad

Tengo la extraña sensación de que he vivido dos años en uno. Hoy hacía un alto, en medio de toda esta celebración (y a raíz de ella) y recordaba situaciones que pasaron este año y el año pasado, como si estuvieran en el mismo peldaño de mi escalera.
Sí, soy diferente al resto de la sociedad; o quizás pertenezco a un grupo de nostálgicos anónimos que en estas fechas, lejos de buscar celebrar y divertirse, me hago una bolita y voy a lo más profundo de mi - a recorrer los caminos que aún guardan significados.
Creo que si alguien se dedica a leer este blog, se dará cuenta que me gusta esa sensación de sentirme distinta, pero el celebrar es algo que me complicó por muchos años. No me siento cómoda celebrando, ni siendo espontánea... y aunque a veces me visto con esos sombreros, no dejan de sentirse grandes y asustarme.
Querido lector, probablemente no entienda mucho de lo que estoy diciendo... Resulta que cerré los ojos hace un rato y recordé una sesión de mi diplomado, donde tomábamos un sombrero, algo de ropa y actuábamos como creíamos estaba acorde a la imagen que proyectábamos: En un momento me tocó un sombrero de fiesta y me costó entrar en el personaje, tanto que casi al terminar pude realmente sentir que fluía y jugaba con otros, pero esa sensación de incomodidad no se iba de mi.
Me propuse desde entonces intentar desbloquear esa parte de mi... y empecé a ir a bailar, primero en espacios alternativos y luego en fiestas adolescentosas, intenté compartir más con grupos, comencé a permitirme actuar de otras formas, tomar - dejar un poco el control y la formalidad y jugar a ser otras personas. Fue divertido, pero no dejó de sentirse extraño.
Pero quizás (me) miento... Es sólo que hoy no siento esa energía para celebrar como lo hacen otros. La navidad nunca ha sido una fecha especialmente importante para mí y a ratos se siente algo forzada, por los regalos y la casi obligación moral/social de tener que entregar algo. Me da la impresión que por eso me conecté con esa fracción de recuerdos, con ese sombrero.
En fin. Tengan felices fiestas ^^

jueves, 29 de agosto de 2013

No hay cicatriz, por brutal que parezca,
que no encierre belleza.
Una historia puntual se cuenta en ella,
algún dolor. Pero también su fin.
Las cicatrices, pues, son las costuras
de la memoria,
un remate imperfecto que nos sana
dañándonos. La forma
que el tiempo encuentra
de que nunca olvidemos las heridas.
Piedad Bonnett

martes, 20 de agosto de 2013

Hiatus

Estimados lectores,

Después de un largo proceso de análisis y en honor al post número 200 de este blog, les informo que dejaré de publicar acá (al menos en el corto plazo). Creo que ya pasó el momento en el que necesitaba desahogarme a toda costa y sentir que desde el "anonimato" podía conectar con otras personas y sentirme comprendida. 

Las cosas han cambiado de este lado del puente. He madurado algunas verdades y me he propuesto hacerme cargo de mí de una vez. Si bien este blog me ha permitido ordenar mis pensamientos/sentimientos, creo que en este punto soy capaz de hacer el proceso internamente y ser más o menos coherente conmigo.

Aún así, sigo en la ambivalencia de los extremos de tristeza/alegría/rabia y necesito estabilizarme antes de decidir qué hacer con este espacio: por eso el hiatus.

Gracias a todos por la compañía virtual, por sus tiradas de oreja y muchas veces, tan sólo por leer.

miércoles, 31 de julio de 2013

Cocoon

Cada vez se me hace más difícil contener mis impulsos: respiro hondo y trato de dar otro paso, pero a veces se me hace irresistible seguir esas ganas de acabar con todo y que deje de doler de una vez. Hoy tuve que calmarme con pastillas por primera vez y no he dejado de pensar en que mi voluntad se ha quebrado un poco con esta decisión. Como si se me hubieran agotado las razones para permanecer centrada y esa sensación de control no existiera más.

Quise correr... olvidarme del mundo y de mí misma, del asco que me da mirarme a veces y sentir que no hago más que contaminar, como un virus. Quise tomar un avión, el primero que saliera, cargando el poco dinero que tengo, sólo para huir de esa sensación de vacío y llenarlo con algo diferente.

En días así no quiero hablar con nadie. Me siento tan miserable que prefiero abrazar mis piernas y ser tan ínfima como me sea posible.

Sé que habrán días mejores, que esta sensación dejará de tener control sobre mí y volveré a pelear con mis garras de leona... pero ahora, justo ahora, lo único que necesito es que alguien me remeza y me cachetee un poco, o me acune y me haga olvidar esta sensación de no querer existir.

Luego está esa voz que me dice que exagero, que soy dramática y que debo dejar de ser tan inconsecuente. Y me siento tonta... y me siento mal... y alimento la tormenta. Y me aíslo y no dejo que nadie entre en esta especie de refugio que no consigue protegerme de mí misma.

Estoy segura que de mí depende que hayan días mejores, que nadie más que yo puede hacer desaparecer la tormenta... pero por hoy me quedaré aquí, lamentándome un poco más por no tener las herramientas necesarias para evitar este tipo de situaciones, detestando un poco más mis carencias y viendo el vaso completamente vacío.

Hoy encontré un álbum de fotos antiguo y esta canción como comentario de una de ellas. Tiene tanto sentido hoy como ayer: http://www.youtube.com/watch?v=EkfUvSU1wM4

jueves, 25 de julio de 2013

Jellyfish

No hay nada más terrible que sentirse preso de uno mismo, estoy completamente segura. El no poder decir, hacer o conceptualizar algo que está ocurriendo debe ser la forma más cercana a la metáfora de morir ahogado.

Recuerdo que hace un tiempo, en una clase de diplomado, me hablaron sobre las medusas (siempre me han gustado, no sé por qué, pero que salieran como tema en la universidad me pareció curioso). Hablábamos sobre los procesos adaptativos y cómo es que muchas personas más que integrar, forman una coraza en torno a ellos que poco a poco les impide la movilidad y, si bien los vuelve funcionales, les restringe la posibilidad de cambio. Entonces nos dice que las medusas son un ejemplo de esto... que ellas, expuestas a condiciones arbitrarias, modifican su constitución hasta hacerse más pequeñas y que en el extremo, generan una especie de 'piel endurecida' para no absorver el medio. Es útil, les permite sobrevivir por un tiempo determinado, pero es también una especie de trampa que las condena a morir a largo plazo, puesto que alimentarse depende de su movilidad.

Anoche me quedé leyendo sobre resiliencia. Creo que gran parte de esta sensación de "no-yo" que tengo todo el tiempo, tiene que ver con la dificultad que tengo de enfrentar el cambio: de ser medusa.

Puedo ejercer un rol, mostrar una imagen y ser funcional... pero en verdad es tiempo de tomar el siguiente paso e integrar. Darle una forma al cambio y sostenerlo en el tiempo.

(Sí, estoy pseudo-divagando xD. Lo que venía a decir es básicamente que las palabras no alcanzan a darle sentido a la tormenta).

martes, 16 de julio de 2013

El mayor problema, es que no consigo gritar.

(Eso iba a Twitter, pero conserva la ironía en sí mismo).

miércoles, 10 de julio de 2013

Ockham

“Cuando has eliminado lo imposible, lo que queda, aunque improbable, debe ser la verdad” - Principio de parsimonia.

Estoy aprendiendo

Estoy aprendiendo a aceptar a las personas,
aún cuando ellas me decepcionan,
cuando huyen del ideal que tengo para ellas,
cuando me hieren con palabras ásperas o acciones impensadas.

Es difícil aceptar las personas como ellas son,
sin que sean como deseamos que ellas sean.
Es difícil, muy difícil, pero estoy aprendiendo.

Estoy aprendiendo a amar.
Estoy aprendiendo a escuchar. Escuchar con los ojos y oídos.
A escuchar con el alma y con todos los sentidos.
Escuchar lo que dice el corazón, lo que dicen los hombros caídos, los ojos, las manos inquietas.
Escuchar el mensaje que se esconde por entre las palabras vanas, superficiales.
Descubrir la angustia disfrazada, la inseguridad enmascarada, la soledad encubierta.

Penetrar la sonrisa fingida, la alegría simulada, la vanagloria exagerada.
Descubrir el dolor de cada corazón.
Poco a poco, estoy aprendiendo a amar.
Estoy aprendiendo a perdonar.
Pues el amor perdona, quita los rencores,
y cura las heridas que la incomprensión
e insensibilidad lo lastimaron.

El amor no alimenta resentimientos con pensamientos dolorosos.
No cultiva ofensas con lástimas y autoconmiseración.
El amor perdona, olvida, extingue todos los resquicios de dolor en el corazón.

Poco a poco...
Estoy aprendiendo a perdonar.
Estoy aprendiendo a descubrir el valor que se encuentra dentro de cada vida, de todas las vidas.
Valor soterrado por el rechazo, por la falta de comprensión.
Cariño y aceptación, por las experiencias desagradables vividas a lo largo de los años.
Estoy aprendiendo a ver, en las personas su alma, y las posibilidades que Dios les dio.

Estoy aprendiendo,
¡Pero cómo es de lento el aprendizaje!,
¡Cómo es difícil amar, amar como Cristo amó!
Todavía, tropezando, errando, estoy aprendiendo...
Aprendiendo a no ver solamente mis propios dolores,
mis intereses, mi ambición, mi orgullo,
pues estos pueden impedir el bienestar y la felicidad de alguien!



[Encontré esto mientras terminaba mi proceso de limpieza... No sé realmente por qué, pero el "estoy aprendiendo" me hace sentir tranquila. Es como si sólo esa frase me permitiera sentir que mis pasos no son tan radicales como estoy acostumbrada a pensar y que errar es también una posibilidad válida.]